Tres periodistas tres

Dado que las opiniones y argumentaciones relativas al desenvolvimiento político hasta las elecciones nacionales de 2027 tendrán como base la información brindada por los distintos medios de comunicación de alcance masivo, para analizarlas será oportuno recordar los principios de la propaganda política surgidos en las primeras décadas del siglo XX (comunismo, fascismo y nacional socialismo), que difieren en lo ideológico, pero no en la aplicación de sus reglas y difusión de mensajes.

El cambio más importante surgido de la evolución digital, es el de haber convertido el circuito unidireccional entre el periodista emisor y el ciudadano receptor, en un ida y vuelta vía redes sociales, lo que generó un desacomodamiento en el periodista tradicional, acostumbrado a una influyente centralidad, que, sumado a una mayor imbricación entre política y espectáculo, lo obliga a competir con “influencers” adolescentes, “trolls” y opinadores de café. Sin olvidar que los mensajes masivos deben ser simples para ser comprensibles por todos los sectores sociales, también se diseñan los destinados a sectores supuestamente intelectuales. Pero en ambos casos suelen presentarse las reglas de desfiguración (datos no verificados); orquestación (repetición incesante del mismo mensaje por varias fuentes), y contagio (por ejemplo, a través de encuestas falsas).

Es en este contexto que se plantea la hipótesis de que tradicionales periodistas prestigiosos están sufriendo un desfase generacional, y que ante léxicos agresivos se sienten particularmente ofendidos, llevándolos a perder objetividad y profesionalidad, y eventualmente, sumarse a operaciones de orquestación, en lugar de aportar a sus seguidores análisis virtuosos y esclarecedores en pos de informaciones relevantes. Vale citar los casos, entre otros, de los periodistas del diario La Nación Carlos Pagni, Nelson Castro y Fernández Díaz, que no pueden ser sospechados de populistas, lo que los hace aptos para fundamentar la presente hipótesis.

El columnista Pagni se caracteriza por extensas exposiciones en las que trata varios temas en simultáneo,  que interrelacionan a políticos, empresarios, sindicalistas y poder judicial en negocios con el Estado, configurando viejas tramas que llevará años desarmar, pero no duda en acoplarse a estrategias de orquestación contra Milei, como la mención a su falta de empatía con los morosos bancarios, cuando de él se espera que señale el alcance y causas de dicho problema, como lo realizara en el canal A24 una joven analista financiera, a través de una didáctica exposición gráfica detallando la composición del interés bancario, que incluye un porcentaje por riesgo de morosidad que pagan todos los que adquieren un crédito. Esta información relevante no la dió Pagni, como tampoco autoridades del Banco Central.

El periodista y médico neurólogo Nelson Castro, por su parte, usurpando la especialidad de psicología y psiquiatría que no posee, afirmó que el presidente Milei presenta una personalidad patológica, lo que implica una afección de salud mental. Ante la sensibilidad de Castro ante los insultos, habría que preguntarle si “ensobrado” es más ofensivo que enfermo mental.

Finalmente, el columnista y escritor Fernández Díaz, cuyas menciones a diversos intelectuales históricos y actuales derivan obsesiva e ineludiblemente en Milei, con conclusiones aterradoras, cual algunos de sus thrillers. La más reciente reza: “La irrupción de Fernando Cerimedo devolvió al primer plano las artimañas fundamentales de las que se sirvió Javier Milei para ganar y gobernar: la utilización de milicias digitales plagadas de fanáticos, rentados e inescrupulosos”. Tras lo cual, se pliega a la regla propagandística de orquestación del momento, y se lamenta por los “casi cinco millones de morosos”, sin indicar sus fuentes, detalles y causas.

En su readaptación a los nuevos contextos comunicacionales, los prestigiosos periodistas ¿terminarán mimetizándose con las operaciones de los fanáticos digitales?

Buenos Aires, 02 de agosto 2026