¿Encuestas o tómbolas?
El reciente resultado de la elección presidencial en Brasil fue caracterizado como “sorpresivo”, cuando en realidad las fallas en las encuestas se reiteran aún en instancias en las que se les destinan grandes recursos económicos y juegan su prestigio. Comparativamente, ello impulsa a reflexionar acerca del objetivo de las innumerables y permanentes encuestas políticas que casi semanalmente se presentan ante nuestra opinión pública, cuyas metodologías y veracidad son incomprobables.
Cabe formular una hipótesis asociando tres palabras: encuesta (investigación cuantitativa que recopila información mediante un cuestionario prediseñado); tómbola (juego por el cual a través de varios números combinados al azar se obtienen premios), y propaganda (difusión de información con el fin de influenciar en la opinión pública). Las encuestas, que se remontan al siglo XIX para transformarse en ciencia estadística en la década del 30, si se interrelacionan con la propaganda, sirven eventualmente para cumplir con la regla de “unanimidad y contagio”, que se basa en la evidencia sociológica por la cual un individuo puede tener sobre un mismo asunto dos opiniones distintas, según opine integrando un grupo social o a título personal. Ello podría explicar la sobreabundancia de empresas, institutos educativos y fundaciones, que solo relevan sensaciones circunstanciales como “imágenes, estados de ánimo y expectativas”, adjudicándoles valores numéricos curiosamente precisos (40,6%, 56,8%, etc.), para plasmar la sensación de “unanimidad”, y formular mensajes como “la gente dice” o “la gente tiene hambre”, eludiendo decir en este último eslogan que la gente con “hambre” excluye a políticos, legisladores, empresarios prebendarios, poder judicial y sindicalistas, con familiares incluidos, lo que hace sospechar que muchas de las encuestas o quienes las difunden, incursionan en la opcíón tómbola, pues operan con escasa profesionalidad, sin indicar universo territorial y socio-económico relevado, nivel educativo, franja etaria, entre otros datos, o presentan números con el fin de engañar, y eventualmente acertar.
Lo preocupante es que cada vez más esta multiplicidad numérica es usada por reconocidos analistas para fundamentar opiniones, en lugar de considerarlas como simples plataformas para evaluar opciones y argumentar. Se cita como ejemplo al periodista Jorge Liotti de La Nación, por estar caracterizado por una calidad analítica seria y didáctica, que en su columna de fecha 04/10/26, tras describir el contexto político, apela en sus últimos párrafos al volátil mundo de las encuestas, dando cuenta que varias indican que “los polos libertarios y kirchneristas representan entre el 65% y el 70% de las adhesiones, lejos del 90% de la época gloriosa de la polarización”; que la encuestadora QSocial, “detectó un temor creciente a los dos extremos” (libertarios y peronismo), y que un trabajo de Pulsar-UBA constató que “después de varios años de preferencias económicas volcados a lo privado, 2026 muestra un cambio de tendencia. Una mayoría prefiere un Estado más activo para reducir las diferencias económicas”, las que directa o subliminalmente parecerían promover la repetida estrategia de instalar en las proximidades electorales una opción “alejada de los extremos”. Esta posibilidad, en lugar de agotarla a nivel opinión, debería servir como punto de partida para analizar la factibilidad de armar una tercera opción superadora en escasos meses, en base a nombres como Monzó, Pichetto, Rodríguez Larreta, Brito, Hadad, y eventualmente, sumar a Kicillof, Cristina y su hijo, Bregman y Massa, bajo el eslogan “todos contra Milei”, como sugiere el creativo Lousteau. Y más allá de nombres, pensar cómo la nueva coalición resolvería una plataforma concreta y coherente, ladistribución de cargos electivos, y la coordinación de votaciones durante el 2027 de los legisladores en ejercicio que la integren. En este ejercicio se debe tener presente que no somos Brasil, octava potencia económica del mundo con un riesgo país inferior a los 200 puntos, y que el triunfo de Bolsonaro (derecha) o Lula (izquierda), con sus matices, no conmocionará a un sistema político consolidado desde hace tres décadas. Para nuestro país, esta hipótesis plantea que la opción pasta o pollo ofrecida en un avión, no admite sumarle sopa. Pero se seguirá analizando para jugar en el laberinto político.
Buenos Aires, 14 de octubre 2026

Alberto Landau
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